lunes, 24 de agosto de 2009

capítulo cuadragésimo: política animal III, los lobos


Los hombres-lobos


Primero dije “hermanos” y les tendí las manos;
después en mis corderos hicieron mal sus robos;
y entonces en mi alma murió la voz de hermanos
y me acerqué a mirarlos; ¡y todos eran lobos!


¿Qué sucedía en mi alma que así marchaba a ciegas,
en mi alma pobre y triste que sueña y se encariña?
¿Cómo no vi en sus trancos las bestias andariegas?
¿Cómo no vi en sus ojos instintos de rapiña?


Después yo, también lobo, dejé el sendero sano;
después yo, también lobo, caí no sé en que lodos;
y entonces en cada uno de ellos tuve un hermano
y me acerqué a mirarlos; ¡y eran hombres todos!


Rafael Arévalo Martínez


...


Hoy, mientras regresaba a casa caminando por la décima avenida, después de comprar un volumen de la Biblioteca General Salvat que incluye "El llamado del bosque" (en otras traducciones, "El llamado de la selva" o "El llamado de lo salvaje") de Jack London, en la décima calle me topé con un mochilero (sin mochila, pero deduje que la habría dejado en su habitación de la Pensión Meza), con un gorrito rastafari y una camiseta que tenía estampada la imagen de un lobo. Supe que era la señal.

¿La señal de qué? Pues de que ya es tiempo de que escriba esta entrada, la cual me he debatido si correspondería más bien a un capítulo cero. Pero no, esta entrada, gracias al del gorrito rastafari, será un capítulo. Y gracias también, claro es, a "El llamado del bosque" de Jack London.

Hace unas semanas, quizás un mes, quizás menos, leí en el blog de algún joven (o de alguna joven) bloguero (o bloguera), algo así como que él (o ella) no era parte del rebaño, sino un lobo (o loba). La verdad, no recuerdo exactamente dónde lo leí. Lo que sí, es que cuando lo leí, la idea hizo sonar una campana en mi memoria (no sé si esto fue un lugar común, pero si que suena medio mamón, lo reconozco, jajajaja), porque hace años yo pensé lo mismo. Acababa de leer "El lobo estepario" (como unos dos años antes, jajajaja), y pensé que yo era un lobo estepario. Cuando encontré personas que creí que eran parecidas a mí, mistifiqué aún más pensando que éramos como una manada de lobos esteparios, que nos reuníamos para cazar y luego nos separábamos. Y al leer un capítulo de "El libro de selva" de Rudyard Kipling, "Los perros de rojiza pelambre", en el cual aparece Won-Tolla, el lobo solitario cuya familia fue masacrada por los perros salvajes, sentí que todos los elementos de la teoría se cohesionaban perfectamente.

Pero el tiempo pasa y uno descubre que las cosas no son como uno pensaba. Ahora no creo que haya una parte de la humanidad que sea como un rebaño de semovientes y otra conformada por lobos que corren libremente entre los primeros; sé, por la experiencia que le da a uno la vida, que todos nosotros somos como lobos.

Fue al leer la primera parte de "Colmillo Blanco" de Jack London que entendí, gracias al excelente análisis que hace el autor sobre la naturaleza de los lobos, la naturaleza bestial de todos nosotros.

Me doy cuenta de que soy un proveedor para mi cría y me torno feroz cuando la creo en peligro. Al final de cuentas, por mucha conciencia social y bla, bla, bla, hay una idea fija y clara en mi mente: entre los demás y mi cría, mi cría es primero. Al final, más allá de todo romanticismo sublime, el amor parece ser la preservación de aquellos que amamos en perjuicio de aquellos que no son nuestros favoritos.

De repente, se me hace obvio el planteamiento ése de "Homo homini lupus".




2 comentarios:

la-filistea dijo...

Sociología o Humanismo?
Las dos cosas creo yo, pero mirá yo creo que si hay sectores de la humanidad que son como "rebaños". Quizá individualmente tengamos mucho de lobos pero al final siempre hay uno que se viste de oveja que contamina cuando el pastor anda afuera.

Colmillo blanco.... lo tendré en cuenta.

Saludos.

Edelweiss dijo...

pues a mi me gustan mas los gatos jajajaja, pero igual... todo lo que puede salir de la vida salvaje de un animal te sorprendería qué tan parecidos somos a un conjunto de comportamientos... hay te cuento que el Estuardo está viendome