lunes, 20 de febrero de 2012

Paréntesis: Hoy hace cuatro años...

El 20 de febrero de 2008 comencé a escribir en este blog. Ahora cuando leo las entradas antiguas, me doy cuenta de que he cambiado al escribir; definitivamente, uno no puede ser el mismo permanentemente. He cambiado de opinión muchas veces. Esto es algo que no puedo cambiar en mí, al menos así ha sido hasta ahora. Y ha cambiado la forma, la técnica... el estilo.


sábado, 18 de febrero de 2012

capítulo cero: ¿por qué?


¿Por qué sigo escribiéndote, dulce enemiga mía? ¿Qué causa esta obstinación en mí?

Hoy nos preguntaron qué creíamos nosotros que gobernaba nuestras vidas: la razón o la pasión. ¡Qué pregunta tan difícil de contestar! La verdad no lo sé...

Sospecho que soy un iluso, que no entiendo nada. Pero una parte de mí sigue esperándote...



Imagen: L. Soto

martes, 14 de febrero de 2012

capítulo cero: la que nunca fue ella...

Tras mi primer día de clases en Letras: truncado. Me dirigí a la Biblioteca Central. Cuando subía las gradas hacia la sala de lectura, la vi. Iba delante de mí, o más bien arriba de mí. La reconocí por su cabello (es que me daba la espalda ¡¿?!): corto, castaño, colocho.

Sentí cierta emoción o conjunto/mezcla de emociones: alegría, curiosidad, incredulidad.

Pensé en adelantarme y voltear para saludarla. Pero cuando lo hice (adelantarme, voltear, no llegué a saludar...), descubrí que no era ella. De hecho, esta otra persona no era (es) ni remotamente parecida a ella.

Aún así, el hecho se me hacía curioso y, por lo mismo, seguí espiando a esta otra persona, quien estaba acompañada por su novio (según deduje). Sentí ganas de ir y hablar con ellos y contarles cómo había confundido a esta persona con ella. Pero no lo hice.

lunes, 13 de febrero de 2012

cita petoulquiana: ¿revolucionarios?

"... Lo demás es no entender qué cosa es una revolución. Las revoluciones las hacen hombres de carne y hueso, no santos, y todas terminan por crear una nueva casta privilegiada."

Fuentes, Carlos. La región más transparente. Edición Conmemorativa. Alfaguara. México, 2008. p.p. 130

sábado, 11 de febrero de 2012

Versificación IV: Esa pequeña parte


Una parte de mí
Te adora sin medida
Y te anhela sin esperanza...
Y con esperanza

Contra el Mundo que me dice que lo nuestro no puede ser;
Y contra una gran parte de mí mismo que ya me declara desahuciado.

Pero esa parte de mí que te espera,
Esa pequeña parte
Es, sin embargo, poderosísima.
Capaz de causarme los más desesperantes insomnios
Y dolores en el pecho.

Es triste, ¿no es cierto?
Saber que el reloj de La Perla
Siempre marcará las 8:30 para nosotros;
Bueno, para todos, pero
Sólo nosotros dos sabemos lo que eso significa.



Imagen: tomada por L. Soto

capítulo cero: un buen beso

Te amo tanto: lo sé.

Tanto que si un día te encontrara en la calle, te estrecharía en mis brazos y te besaría apasionadamente, aún cuando pareciera un acto fuera de contexto.

Claro, fuera de contexto para quienes no sepan lo que siento por vos, o para quienes lo sepan y no lo entiendan.

Soy tan tonto que pienso que un beso, un buen beso, lo arreglaría todo.

capítulo sexagésimo: política animal V "¿crueldad?"

Describo brevemente lo que presencié hace unas semanas:

Un grupo de hormigas cargaba a una cucaracha aún viva, sujetándola incluso por las antenas, pared arriba (no sé si me sorprendió más la literal verticalidad del procedimiento o esta escena para mí nunca antes vista). Por supuesto, no hice nada al respecto; ¿por qué habría de interferir en algo así? Sin embargo, no pude evitar pensar que lo que presenciaba, más allá de suceder en un ámbito completamente ajeno a mi competencia, era un acto de crueldad. O dicho de otra manera, que el mundo de los insectos era bastante salvaje (al escribirlo me parece un tanto estúpido el planteamiento)... brutal.

(hasta me dan ganas de escribir una de esas moralejas, según yo irónicas, que agregaba al concluir algunos de mis cuentos, ¿qué clase de criatura atormentaría a uno de sus semejantes de esa manera? y bla, bla, bla. Por obvio que parezca, siempre hay alguien que dice no entender: claro, el ser humano)

En fin, hoy un profesor nos dijo en la Universidad que la Naturaleza no puede caer bajo el espectro de lo que nosotros culturalmente denominamos bello o feo y, por extensión supongo, cruel o compasivo.

lunes, 6 de febrero de 2012

Paréntesis: Algunas consideraciones...

Es tarde. No tengo demasiado tiempo para escribir, pero es entonces cuando lo hago mejor; es decir, bajo presión. Podría pasar horas (y no creo que sea una exageración) justificando lo de "mejor", o más bien, de manera estúpidamente modesta (falsamente modesta), disculpando esa autopromoción. Pero, en todo caso, qué más da. Primero, ¿quién lee este blog? Y, segundo, para qué engañarnos, cada quien juzga como mejor le parece.

En fin. La idea de este paréntesis es hablar conmigo mismo, en primer lugar, como siempre, y si alguien más lee, pues magnífico (palabra que nunca o casi nunca uso).

Sólo quiero recordarme (recordarnos) cómo fue que comencé a escribir como lo hago ahora. Es decir, en este formato electrónico (porque lo que es escribir en cuadernitos, desde que tenía 8 ó 9 años, plagiando a Hans Christian Andersen).

Todo comenzó con ese diario de Hi5 (y les sigo regalando la publicidad), cuando escribía mis comentarios numerados y también aquellas anécdotas musicales. Subí algunos de mis cuentos (los que se encuentran también aquí en el blog). Luego, el Oswaldo me sugirió abrir un blog; por esa época yo leía lo que aquel publicaba en el suyo, La Virtual Alteridad para quien no lo recuerde. Comencé esto llamado "Las Aventuras de Petoulqui". Y de manera inconsciente he visto cómo con los años han disminuido las publicaciones: 92 en el 2008, 59 en 2009, 38 en 2010, 22 en 2011 y, sin contar este paréntesis, 2 en 2012.

Una idea ha resonado en mi mente cuando he buscado alguna explicación para este fenómeno. ¿Por qué no escribo? Pues, simplemente, porque no tengo nada qué decir. No es sólo de ponerme a llenar espacio porque sí, o por "método". Que, si bien pienso que es necesario mejorar la técnica, desarrollar el estilo (lo que sea que esto signifique, no es que no tenga ideas al respecto sino que están algo enredadas), por otra parte pienso y, aún más, siento que no hay nada que quiera decir, nada que valga la pena.

Quizás esto se deba a que no he distinguido bien entre lo que es la creación literaria puramente y lo otro, a lo cual me referiré como "la opinión".

No puedo decir que ya esté cansado de mis juegos de ingenio, que a decir verdad me parece que no a muchos les parecen ingeniosos, pero creo que, para bien o para mal, no son necesariamente lo que más me interesa.

Contradictorio como siempre, finalizo la entrada sin mayores conclusiones constructivas; pero en virtud de los acontecimientos presentes (no necesariamente los del Mundo sino los de mi Mundo), esperaría que estas conclusiones fueran, más bien, destructivas. Una vez más, no destructivas para los otros sino para mí mismo, y no desde una perspectiva nihilista sino, paradójicamente, creativa.

domingo, 5 de febrero de 2012

capítulo cero: soñé con vos

¿Te acordás como siempre quisiste que soñara con vos? Pero yo tengo problemas con los sueños: casi nunca recuerdo lo que sueño, para empezar; y luego, mis sueños son secuencias algo mecánicas, generalmente reflejos de lo que vivo, o proyecciones exageradas de ello.

Sin embargo, más allá de lo previsible (y/o de lo mencionado en el anterior párrafo), soñé con vos.

Estaba internado en un hospital, cuyo nombre no conocía. Vos y yo hablábamos por teléfono (y como en un filme podía verte hablando del otro lado de la línea cuando era tu parte del diálogo); me tocaba tratar de explicarte dónde me encontraba porque quería que fueras a visitarme (si me lo preguntan o no, me parece que este sueño es como una de esas fantasías que uno tiene, en las cuales nos imaginamos qué pasaría si sufriéramos un grave accidente o, aún mejor... o peor: un accidente mortal. Y al estar ahí tirados, agonizando, llegan las personas que alguna vez nos tomaron por sentado. Claro, ahora se arrepienten de no habernos valorado, de no habernos demostrado lo que sentían por nosotros y desearían que siguiéramos con vida. Creo que todos hemos fantaseado alguna vez con algo así. En definitiva, no es sino un lugar común (estoy lleno de ellos). Pero, yo no sabía ni cómo se llamaba el hospital, sólo y por señas dónde se encontraba. Recuerdo que hasta me salí para verificar la dirección (jajajajajajaja, por algo un sueño mío: proyección exagerada de las tonterías que estoy dispuesto a hacer). El hecho es que (reflejo de lo que he vivido) nunca llegaste...