lunes, 27 de agosto de 2012

capítulo septuagésimo: la ilíada

"¿Y no se aburre de estar leyendo?", me preguntó.

"No", le respondí.

Me imagino que tuvo el valor de preguntarme porque ya le había hablado yo, un par de paradas atrás, cuando me pidió permiso para sentarse en el asiento de la ventana. Yo me levanté (estaba en el asiento del pasillo), y quise hacerme a un lado, pero ella trató de pasar conmigo en medio. Entonces le dije, "si me deja sacar la pierna, yo la dejo pasar a Vd.". Ella me dijo, "vaya". Y así, me quité y ella llegó hasta su asiento.

Me volví a sentar y me puse a leer el canto XXIII de La Ilíada, por dos razones: una, porque ya casi terminaba y tenía ganas de leer lo último; y dos, porque tengo una comprobación de lectura de esta obra.

Y entonces, mientras leía cómo Aquiles lloraba a su amigo Patroclo, ella me preguntó: "¿Y no se aburre de estar leyendo?" (Y aquí he hecho uso de esa técnica tan empleada por los rapsodas: el estribillo. Por eso volví a escribir la pregunta y no porque me guste estar redundando, qué la gran... ;)

Y como ya saben, yo le respondí que no. Pero no lo hice pesadamente (como puedo llegar a hacerlo), más bien fue con sorpresa.

Entonces, yo también le hice una pregunta, "¿Y a Vd. no le gusta leer?". Y me dijo que sí, pero que como hacía tanto calor, y el viaje en el bus provocaba sueño, que no le parecía la atmósfera propicia (tal vez esto último lo estoy adornando un poquito). En fin, me preguntó que qué estaba leyendo.

Y yo le respondí, mostrándole la portada del libro: "La Ilíada". Y tratando de explicar la ilustración que, incluso para mí que estoy leyendo la obra, es algo ambigua, le dije, "éste que está aquí debe de ser Aquiles, el más fuerte de los griegos." (O su mejor guerrero, algo así debí de decirle)

"¿Y de qué trata?"

Entonces, supuse que debía de hacer uso de mi poder de síntesis, un poco débil para explicar obras narrativas. Pero me propuse omitir deliberadamente muchísimos detalles:

"La obra trata de la cólera de Aquiles, el mejor guerrero griego. Los griegos fueron a atacar una ciudad llamada Ilión (por eso la obra se llama Ilíada). Llevaban 9 años afuera de sus murallas tratando de destruirla. Todo porque a uno de los griegos, Menelao, le robaron la esposa, Helena. Esto lo hizo Paris, príncipe de los troyanos, porque Ilión era una ciudad de Troya, la más importante. Pues, en ese noveno año, de repente los griegos comenzaron a morirse de una enfermedad y esto era porque el rey más poderoso de los griegos, Agamenón, hermano de Menelao, se había robado a Criseida, hija de un sacerdote de Apolo, el dios de la luz, que les lanzaba flechas mágicas para matarlos. Entonces, un adivino les dijo que si Agamenón devolvía a Criseida con su padre, se calmaría el dios. Aquiles estuvo de acuerdo. Agamenón dijo que lo haría, pero que por la imprudencia de Aquiles, se quedaría con Briseida, la esclava de éste. Aquiles quiso matar a Agamenón, pero lo detuvo Palas Atenea, otra diosa. Aquiles enfurecido se retiró y dijo que no peleaba más para los griegos. Y ahí comenzó lo malo para los griegos, porque empezaron a perder la guerra. La cosa iba tan mal que le rogaron a Aquiles que regresara a pelear y él dijo que no. Pero como los troyanos ya habían llegado a las naves, porque los griegos vivían en tiendas cerca de sus naves a la orilla del mar, Aquiles decidió dejar que su mejor amigo Patroclo, visitiera su armadura y fuera a pelear por él. Los troyanos tuvieron que retroceder pero Apolo hirió a Patroclo por la espalda y Héctor, otro príncipe troyano, el más fuerte de los troyanos, lo remató y cuando Aquiles supo esto, entonces..."

"Ya me tengo que bajar", me interrumpió ella.

Entonces, nuevamente me quité para que pasara.

"Suena interesante", me dijo cuando caminaba hacia la salida.

"A lo mejor algún día le dan ganas de leerla", le dije antes de que se fuera.

Me respondió algo más, pero no le entendí. Y así se fue, sin saber el desenlace de una de las más grandes obras de la literatura universal, y ni falta que le hace el saberlo. Pero yo, no me aburro de leer tampoco.

viernes, 24 de agosto de 2012

capítulo sexagésimonoveno: selenocéntrico

"¿Cómo decías cuando yo era bebé? Que yo era tu pastelito de miel... Mejor, tu lunita de miel." Me dijo un día la Petoúlquina.

Y otro día, me dejó bien claro, "¿te has fijado que cuando estoy presente, yo siempre soy el centro de atención?"

Desde entonces, yo vivo en un sistema selenocéntrico.


martes, 21 de agosto de 2012

capítulo cero: la vida misteriosa

Dedicado a Iván Jamett
...


Dicen que la muerte es misteriosa, pero la vida también lo es. Creo que la diferencia es que la muerte nos es desconocida totalmente y de la vida es poco lo que podemos conocer y aún menos lo que podemos comprender.

También dicen que es la muerte la que nos mata, pero no: creo que es la vida misma la que nos mata, simplemente cambiando de rol.

sábado, 18 de agosto de 2012

Versificación XXII: Sueño

Dedicado a Sofía
...

Vivo cuando estoy despierto
Y
Vivo cuando estoy dormido
Cuando sueño
Aun cuando sea otro
Sigo siendo yo
Y más importante
Sigo siendo...

miércoles, 15 de agosto de 2012

Versificación XXI: Reflexión II

Quiero estar del otro lado del espejo para poder verme viéndome al espejo
Eso sí sería verse al espejo
O más bien sería verse viéndose
Y es que sólo alguien que nos ve desde fuera nos ve realmente
Sería salir de sí para poder ir adentro
Internarme en mis propios ojos
Ser yo y ser otro
Ir del otro lado tan sólo para volver

lunes, 13 de agosto de 2012

Versificación XX: Reflexión

Todas las personas producen un reflejo,
(Mas no todos) los reflejos no producen personas.
Hay espejismos que parecen seres
Y seres que parecen espejismos.
Las ventanas son para ver hacia fuera o hacia dentro,
Pero si en una de ellas podés ver tu reflejo
Debe ser que el vidrio está opaco como aquellos ojos
Que al mirar en ellos no te dejan ver el interior de quien te mira
Sino tu propia imagen reflejada.

viernes, 3 de agosto de 2012

Versificación XIX: Las nueve campanadas II

Esta noche, cuando te llamé,
Por primera vez pude contar las nueve campanadas de la Catedral

Mientras caminaba frente a ella,
La llovizna que caía se convirtió en pequeño aguacero
Y no contestaste.

Versificación XVIII: vos estás ahí, yo lo sé...


A veces creo que nunca vas a contestar
pero hay algo que me dice que debo seguir llamando
tal vez, simplemente porque son las nueve
o porque vos estás ahí, yo lo sé
o por ambas razones