miércoles, 30 de noviembre de 2011

Paréntesis: Es mi naturaleza...

La siguiente fábula la leí por primera vez en una tira cómica de El Príncipe Valiente (Prince Valiant). Recuerdo que quien la contaba era una especie de sabio del lejano oriente que acompañaba al protagonista (¿cómo podía ser así en la Edad Media? No lo sé. Lo más probable es que mi memoria esté equivocada). En todo caso, me impactó bastante porque nunca he podido olvidar la estructura del texto y tengo reminiscencias de los dibujos que representaban a ambas criaturas.

Aquí la fábula (extraída de Wikipedia en español):

El Escorpión y La Rana

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo: —Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme a tu espalda… —¿Que te lleve a mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser. —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón, te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?

Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma: —Si este escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que sea tan tonto como para hacerlo. Y entonces, la rana se dirigió al escorpión y le dijo: —Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a ayudar a cruzar el río. El escorpión se colocó sobre la resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.

Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para decirle: —No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir. Y entonces, el escorpión la miró y le respondió: —Lo siento ranita. Es mi naturaleza, es mi esencia, no he podido evitarlo, no puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme. Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.

Moraleja: No te engañes a ti mismo ni a nadie. Uno siempre es lo que es, a pesar de las circunstancias.


Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/El_escorpi%C3%B3n_y_la_rana

viernes, 25 de noviembre de 2011

Paréntesis: El epígrafe

Antes de que el flammer hubiese tenido la amabilidad de regalarme la cabecera que ahora decora este blog, se podía leer bajo el título este epígrafe:

"La vida de un ente cualquiera, de un petoulqui. Una existencia sin brillos enceguecedores ni densas oscuridades. Sin caer en lo mediocre, sin embargo; ni mucho menos en lo vulgar, lo obsceno o lo procaz. Acaso, la penumbra donde todo se confunde, se tantea, se presume, se asume o se intuye..."

Me dieron ganas de recordar.

jueves, 10 de noviembre de 2011

sábado, 5 de noviembre de 2011

Paréntesis: Poema de Bonnie Parker

Algún día caerán juntos
Y les enterrarán también juntos.
Para unos pocos será un dolor;
Para la ley será un alivio...
Pero será la muerte para Bonnie y Clyde.

Bonnie Parker

jueves, 3 de noviembre de 2011

cita petoulquiana: conducta evitativa... ¿y qué?

"Odio las riñas (las reprimendas), es más fácil escapar."

Clyde Barrow

Fortune, Jan I. La verdadera historia de Bonnie y Clyde. Editorial Bruguera, S. A. Edición especial. España. Febrero, 1974. p.35

Paréntesis: 1 reader...

Creo que nunca habíamos caído tan bajo... o a lo mejor, nunca estuve consciente de la caída. Como sea...

En realidad, creo, por otra parte, que estoy siendo injusto, es más: ingrato. Me alegra tener 1 reader. Muchas gracias, reader, donde quiera que estés...

O, pensándolo bien, a lo mejor este "1 reader" soy yo mismo, porque estoy suscrito a mi propio blog. Entonces, sólo me resta decir, "muchas gracias a mí".

No es extraño, me gusta leer lo que haya escrito. A lo mejor alguien piense que es un acto de narcisismo. Quizás. Pero, creo que más allá del mero narcisismo, se trata de que sé qué me gusta, qué me interesa y siempre hay algo de entretenido en ver el reflejo de uno mismo. Narciso usó las aguas de un río, la gente usa los espejos, a mí me quedan mis textos.