lunes, 26 de mayo de 2008

capítulo undécimo: en tiempos de maricastaña...


Cuando tenía 17 ó 18 años, su padre, Benigno, le dio un libro que había sido de su abuelo, del abuelo de P. quiero decir. Este libro contenía el libreto de la obra de teatro "El Canciller Cadejo" de Manuel Galich. Aquí conoció a dos personajes que le llamaron, hasta cierto punto, la atención: El Rey Perico y Maricastaña (quien, según la versión de Galich, era la princesa, hija del monarca).

Y, por otra parte, se encontró con otros personajes que ya conocía, aún cuando no muy bien: El Duende, el Sombrerón, el Sisimite, la Siguanaba, la Llorona y, por supuesto, el Cadejo. Personaje fascinante este último.

P. nunca ha visto la obra representada, la única vez que tuvieron la intención de asistir a una presentación en el Teatro de Bellas Artes, la función había sido cancelada para dar lugar al Festival Nacional de Payasos "N" (es decir, no sé qué número). P. había visto el letrero pero no queriendo contrariar a su padre, o por lo que fuera, permitió que pagara los boletos en la taquilla y, cuando se disponían a entrar, se toparon con el tal festival, el cual no interesó en lo más mínimo a ninguno de los dos. Benigno trató, de manera no muy benigna, de que le devolvieran su dinero, pero era ya muy tarde. Contrariados (pero no tanto como aquella vez que P. quería ver TMNT, cuando tenía 10 años y ya no consiguieron boletos en el Cine Capitol), tomaron la 65 para retornar a casa. En todo caso, P. ya había representado la obra en su mente.

Y justo anoche, releyendo algunas partes de "El Canciller Cadejo", muchas cosas volvieron a su mente. ¿Qué será esta obra? ¿Una tragicomedia? En todo caso, me parece que es un retrato fiel de Guatemala. En efecto, una tragicomedia.

Ahora P. sabe que "En tiempos de Maricastaña" o "En tiempos del Rey Perico" significa recordar o hacer referencia a algo que pasó hace mucho tiempo. Que estos dos personajes del pasado más remoto fueron invitados por Don Manuel únicamente para representar la tragicomedia de nuestra existencia.

Y, aún cuando ya no le parece tan monumental el libreto en cuanto a su forma, no puede evitar sentirse abrumado por la fuerza de su mensaje:

Cadejo.-Gracias, majestad. ¿Queréis, ahora escuchar mi primer consejo?
Perico.-Decid.
Cadejo.-Acabad en el acto con esos falsos espantos. ¿Tenéis ejército?
Perico.-No, ¿para qué?
Cadejo.-¿Y policía?
Perico.-Menos.
Cadejo.-¿Guardias, en vuestro palacio, al menos?
Perico.-No, no. A mí me adora mi pueblo. Que viva tranquilo.

Parafraseando: Mi Pueblo que viva tranquilo.

A mi entender, ningún dictador es bueno, y el ser un tonto empedernido y enamorado no es ningún mal. Diría el Duende, suspirando, "...Maricastaña. ¡Catarata de seda rebelde, roble pulido, tabaco en flor...!", haciendo referencia al cabello que tanto le gustaba trenzar, y añadiría el Sombrerón, "Oro musivo".

(Imagen tomada de Galich)

3 comentarios:

ESTUARDO dijo...

El canciller cadejo, lo leí hace mucho tiempo, pero no me acuerdo, así que lo volveré a leer.

lusifergua dijo...

Y para vos significa recordar o hacer referencia a algo que inició en vos el interés por los personajes y los argumentos.

Petoulqui dijo...

Entre otros, sí, ciertamente.

Como para vos debe ser "Syd" (o su buscador...).

P.