martes, 29 de abril de 2008

capítulo cero: la condición petoulquiana

"Odio las normas." Exclamó Petoulqui.

"Y, ¿cómo es que si odiás las normas se te ocurrió estudiar Derecho?" Le preguntó Tato, su hermano, casi un abogado.

Nunca, jamás, en todo este tiempo P. había pensado siquiera una vez en lo anterior. Era cierto, cómo era posible que alguna vez estudiara Derecho, si él ni siquiera soportaba la más mínima normativa.

Todo se originó mientras P. comentaba que él en su adolescencia era muy aficionado al Dibujo, y que cuando hacía un claroscuro nunca se preocupaba por distribuir la sombra, la penumbra y el reflejo de la luz de manera ordenada, sino a su antojo.

"Es que, odio las normas." Dijo P., "No puedo seguir ninguna clase de formalismo."

Fue entonces cuando Tato hizo su pregunta, y ésta a su vez respondió una inquietud que había estado creciendo dentro de P. desde hacía tiempo. Cómo él, que era tan sinuoso, pudo estudiar derecho. Era algo bastante contradictorio, ciertamente.

Pero, he ahí la respuesta porque, si bien P. era sinuoso y no derecho, por otra parte, P. era terriblemente contradictorio ("Terriiible", diría Mephisto).

4 comentarios:

lusifergua dijo...

No, Mephisto diría: justo por eso no seguiste derecho, porque el camino sinuoso te llevó a la música, pasando por... bueno, por nada.

Aunque la música también tiene sus leyes...

Petoulqui dijo...

Esas leyes (las de la música) sí me gustan.

ESTUARDO dijo...

La ley es dura pero es la ley.

Lucía dijo...

Lo importante a destacar es que toda norma tiene su excepción y su ambigüedad...