viernes, 14 de marzo de 2008

Cuento Original: Guate goma

"Nos figuramos al mundo como un lugar ocupado por una humanidad
conquistadora y exaltada, pero allí, con el sonar de las trompetas de
la tempestad, era difícil imaginarse un planeta poblado. Entonces la
existencia del hombre a uno le parece algo asombroso y otorga un encanto
especial a esos piojos que por alguna razón tuvieron que aferrarse a esa
bola que da vueltas, perdida en el espacio, con su carga de violentos fuegos,
de implacables hielos y pululantes enfermedades. La arrogancia del
hombre, según explicaba la tormenta, era el verdadero motor de la vida.
No morir en ello era fanfarronería."
Stephen Crane. El Hotel Azul

En mi cabeza, una vez, se desarrolló una civilización.

Aparecieron en un inicio los más primitivos y simples, pero, gradualmente evolucionaron.

Aprendieron a trabajar mi cuero cabelludo. Al principio únicamente recogían los hongos que en éste crecían y comían los despojos que en mi coronilla se producían; después, las hembras aprendieron a cultivar la caspa y se quedaron en la región de mi remolino mientras los machos iban a cazar piojos. Cuando capturaron a algunos vivos, aprendieron, también, a criar liendres y cuando un piojo estaba muy gordo y acababa de chuparme la sangre, ellos lo sacrificaban y se hartaban de su carne y de mi hemoglobina.

Lo malo fue cuando se dio la división de mi cabeza y unos se apropiaron de mi occipucio y mi remolino y se les denominó “caspicultores”, lo cual era irónico pues quienes cultivaban el “terreno” no eran ellos sino (in)justamente los que carecían de cuero cabelludo. Y los criadores de piojos comenzaron a tener mayores ventajas económicas, así que emplearon pastores. Los dueños ya no trabajaban. Se dio la explotación del parásito por el parásito.

Así se originó la oligarquía de los cuerotenientes y los piojeros, con su gobierno despótico. Era un hecho, debían protegerse de los desposeídos…

Fundaron un ejército de mercenarios y delegaron cierto grado de poder en unos legisladores y jueces, quienes establecieron y sentenciaron justa la forma de vida capilar, puesto que cada quien tenía derecho a enriquecerse si todos tenían iguales oportunidades.

Un día llegó a ser tal la opresión que se dieron revueltas. Un parásito visionario, autoproclamado el líder, declaró la propiedad común bajo la administración de su gobierno…

Otros eran ahora los privilegiados y los oprimidos eran los mismos.

Cuando parecía que ya no había esperanza alguna, me rapé y los piojos se fueron con el pelo, me libré de la caspa y se acabaron las cosechas.

La civilización colapsó…

3 comentarios:

10urd35 dijo...

Es el cierre helicoidal de todas las civilizaciones.
De hecho ya había leido esta entrada y la comentamos en la cena con las Pelle. Bonita analogía.
Saludos!

Petoulqui dijo...

Se aprecia el comentario, Pelleprima.

ESTUARDO dijo...

Evolución económico-social, capitalismo y socialismo la misma porquería.