lunes, 17 de marzo de 2008

capítulo cuarto: el waltz de mephisto

Petoulqui escuchaba atentamente cómo Mephisto afinaba cada cuerda de ese viejo violín rústico, el cual había arrebatado al musiquillo folklórico quien antes estuviese tañéndolo, en opinión de M., tan mal.

Era siempre lo mismo, según M., nadie podía hacer las cosas como él.

Cuántas veces habremos oído que M. ha tomado el violín para asombrarnos. Desde la historia de la Sonata del Trino del Diablo de Tartini, hasta las diabólicas interpretaciones de Niccoló Paganini, y luego un tal Franz Liszt que sin violín, pero sí con un piano, compuso e interpretó el Waltz de Mephisto (y de hecho, no uno sino cuatro).

Así que, nomás llegando al Mesón (según mi progenitora, un hospedaje de muy baja categoría, pero ya hablaremos de este tema en otro capítulo seguramente...), el tal Mephisto se siente perturbado ante el ruido que produce el musiquillo, le arranca sin violencia el instrumento, lo afina (porque nunca antes lo había estado), y comienza a tocar un waltz que hace bailar a todos los personajes que se encuentran en el salón (miren cómo le subo la categoría al cuchitril, pero es que ante semejante música todo parece mejor).

Algo que el Petoulqui ha aprendido es que eso de que Mephisto es quien siempre actúa mal pero que todo lo hace muy bien es un hecho. Digamos mejor, en el contexto musical, que es quien todo lo ejecuta de manera soberbia. Y, además, el M. tiene el complejo de que es perfecto y nadie, pero nadie, puede hacer mejor las cosas que él. Sí, él en sí es soberbio.

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Vaya, este préstamo del Fausto de Lenau valga para ejemplificar una situación que es agradable para un servidor como desconocida para la mayoría del público (casi como este blog), y es que este waltz que toca M. ha resultado en un blog intitulado "Así hablaba Lusifergua", el cual nos complace mucho. Y puedan bailar con él cuántas mentes avisadas haya por acá, por allá y por donde sea, porque una vez que M. deje de tocar sólo quedará el silencio, que es muy respetable y muy necesario, pero, por lo demás, cuando suena la música es que hay que escucharla.

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Cuando el waltz llegó a su fin, el P. despertó (claro, haciendo una referencia directa al sueño de Tartini) con la sensación de haber escuchado la más maravillosa música que hubiese vibrado en sus oídos, y, por supuesto, sin poder recordarla

4 comentarios:

lusifergua dijo...

Si invitara a todos a bailar una melodía de este waltz, provocaría mucha confusión...

10urd35 dijo...

Gracias por la dirección, ni me había dado cuenta ... jeje! pero ahora ya te tengo controlado Lusi, jja!

ESTUARDO dijo...

Esto me recuerda un video ochentero en el que el diablo compite con un campesino para ver quien toca mejor el violín, imaginen quien gana...

Quinoff dijo...

Alguna vez me gustaría escuchar la historia del "Trino del diablo" de Tartini. Por lo demás, la estampa de un violinista desgreñado tiene una notable aptitud para "dejarse decorar" con diabolismos varios en la imaginación popular... Y en la imaginación personal de quien te escribe, el acento italiano le da un remate lleno de estilo.
Te haré caso y oiré este vals, que no ha sido --para mí-- lo más cautivador de Liszt... todavía.