miércoles, 19 de octubre de 2011

capítulo quincuagésimooctavo: petoulqui ha muerto...

O eso creo. La verdad es que no sé cómo podría seguir con vida después de tanto tiempo; honestamente, ya no me siento muy petoulqui.

Creo que Petoulqui, o más bien petoulqui (así con minúscula), va a quedar como un término, una palabrita, que me inventé, o más bien descubrí. Una palabra sin definición clara, un adjetivo que describe de manera difusa. Ej: Él es bastante petoulqui. ¿Qué sería eso? Incluso si lo uso como un sustantivo común. Ej: Él es un petoulqui. ¿Qué demontres significa eso? Es algo bien vago, tiene un sentido muy amplio. Cualquiera podría decir, "Yo soy un petoulqui", usurpando calidad, o incluso robando identidad podría afirmar, "Yo soy Petoulqui". ¿Y qué podría hacer yo? Pues, nada.

Ya una vez lo había dejado por escrito (o tal vez no, mi memoria no es tan confiable, según he comprobado), este blog podría llamarse ahora: Las aventuras de julio. Pero no suena muy pegón (Ja-ja, como si lo de petoulqui fuera muy pegón).

Bueno, como sea, creo que de ahora en adelante, o no firmo los comentarios (mis respuestas a las miles de reacciones de los millones de lectores de este blog...) o los firmo como Julio. Igual, los comentarios seguirán apareciendo como emitidos por Petoulqui, que será un seudónimo y nada más.