miércoles, 3 de febrero de 2010

Cuento Original: Foto de estudio

Jugó con nuestras más preciadas emociones, con nuestros más puros afectos. Cuando utilizamos el “más” estamos implícitamente comparando y el comparar adultera de manera inevitable. Así que cuando escribo nuestros más puros afectos, sé que no son puros, digamos que no son puramente puros para redundar un poco... sí, no son absolutamente puros, pero son de alguna manera puros... Y el tipo comerció con nuestros más puros afectos, con nuestras emociones más preciadas.

Nos ofreció cuatro fotografías tamaño cédula gratuitamente. Asistimos a la sesión fotográfica, en la cual el tipo se portó totalmente profesional, y como los nativos americanos temían, o eso es lo que me han contado, se robó un poco del alma de mi niña y la metió en una plancha de papel fotográfico. Tornó la vida de mi hija en algo bidimensional, congeló su risa (la de ella, claro es), una parte de mi niña la encerró en papel mate.

Y así, cuando ya había revelado las fotos, bueno, más bien, por ser tan actual la cosa, cuando ya las había impreso, tras un excelente trabajo de diseñador o lo que sea que haga el tipo, nos llamó y enseñó uno de esas fototas en las que salen varios rostros de niños con diversas expresiones, otra foto, también grande, de mi hija en una pose angelical, luciendo además hermosísima (orgullo de padre) y el jueguito de fotos regaladas. Nos dijo que las ampliaciones costaban un dineral, pero que si no las queríamos él había de desecharlas (era como para preguntarle, “y entonces, si no estaba seguro de que las querríamos ¿para qué las sacó?” ah, pero la pregunta hubiera sido necia, él sabía que las querríamos, ¿qué padres y abuelos permitirían que el alma de su pequeña se convirtiera en cenizas por unas cuantas monedas. Nosotros no, por supuesto).

No, si lo malo no es que nos vendan algo (ni que nosotros lo compremos, en todo caso). Lo malo es que lo que nos venda sea el alma, que no nos robó sino más bien nos estafó.

Pagado el rescate, con el alma recuperada, con la imagen conseguida, pudimos irnos tranquilos, aún cuando un poco más pobres y endeudados. Así es esto, ya lo sabemos. Así pasa cuando se lleva un niño a tomarse una foto de estudio gratuita.

1 comentario:

ESTUARDO dijo...

Todavía molesto Julito, por el estafador-La Pradera.