"Mis lectores, los míos, no buscan el mundo coherente de las novelas llamadas realistas -¿no es verdad, lectores míos?-; mis lectores, los míos, saben que un argumento no es más que un pretexto para una novela, y que queda, ésta, la novela, toda entera, y más pura, más interesante, más novelesca, si se le quita el argumento. Por lo demás, yo ya ni necesito que mis lectores... los míos, me proporcionen argumentos para que yo les dé las novelas, prefiero, y estoy seguro de que ellos han de preferirlo, que les dé yo las novelas y ellos les pongan argumentos."
Unamuno, Miguel de. San Manuel Bueno, mártir, y tres historias más. Espasa Calpe. Novena edición. España, 1974. p.p. 96-97
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lunes, 17 de septiembre de 2012
domingo, 16 de septiembre de 2012
cita petoulquiana: fabricante de novelas
"Y si es terrible caer como en profesión en fabricante de novelas, mucho más terrible es caer como en profesión en lector de ellas. Y créeme que no habría fábricas, como esas americanas, en que se producen artículos en serie, si no hubiese una clientela que consume los artículos seriados, los productos con marca de fábrica."
Unamuno, Miguel de. San Manuel Bueno, mártir, y tres historias más. Espasa-Calpe, S.A. Novena edición. España, 1974. p.93
Unamuno, Miguel de. San Manuel Bueno, mártir, y tres historias más. Espasa-Calpe, S.A. Novena edición. España, 1974. p.93
domingo, 18 de abril de 2010
cuento original: Te Prometo Anarquía
Este cuento fue publicado originalmente en "Amalgamas Errantes", edición conmemorativa del proyecto "Te prometo anarquía" (por eso la referencia al proyecto que encontrará quien lea el texto hasta el final). De hecho, se puede ingresar a "Amalgamas Errantes" haciendo clic en el botón del mismo nombre colocado en la barra de sugerencias, justo encima del botón de LunaPark.
“¡Anarquía...! ¡Anarquía...!”
“¡¿Y a Vds. qué les pasa?!” Pregunté a mis creaciones, sorprendido por sus gritos.
En vez de explicarme, continuaron con su consigna; me pregunté si la manifestación estaría relacionada conmigo. Cada uno de los personajes que había creado marchaba y vociferaba apasionadamente.
Súbitamente se detuvieron, su líder había hecho una señal con la mano indicándoles que se silenciaran. ¿Quién era su líder? Pues claro, el tal Petoulqui.
Se acercó a mí, tenía una expresión poco amistosa, más bien combativa, y me habló en los siguientes términos, “Hemos llegado a la conclusión de que no podemos permitir que nuestros destinos sean gobernados por Vd., de manera que a partir de este momento exigimos una total libertad para hacer de nuestra existencia lo que mejor nos parezca.”
“¿Y cuál ha sido el motivo de su decisión, queridísimo Peto?” Le pregunté.
“Pues, verá, Julio. Justamente ayer, cuando Vd. terminó de leer ‘Niebla’ de Don Miguel de Unamuno y Jugo, nos dimos cuenta de cómo son las relaciones entre autor y personajes. Nos ha parecido una abominación lo que el mentado Don Miguel hizo con Augusto Pérez. Y de repente, tomamos conciencia de que nosotros, en repetidas ocasiones, hemos sido tratados de manera similar; de modo que renunciamos a ser suyos y exigimos nuestra independencia.”
“¿Ah sí? ¿Y qué piensan hacer después...?” Le cuestioné, solamente para seguir con lo que para mí no era sino un juego.
“Pues... pues... “ Y Peto comenzó a trastabillar en su razonamiento, el cual según mi criterio ya había alcanzado su límite. “Pues ya habrá tiempo después para decidirlo...”
“Sí, como concluye Arthur C. Clarke su ‘Odisea Espacial’ ¿no es cierto? Acaso no te das cuenta, estimado Peto, que todas tus ideas no son sino las mías, y que las mías no son sino las de otros, que me antecedieron, de modo que si yo no soy original, ¿qué se han creído Vds. que son...?”
“...”
“Claro, si mi creador me hubiera dicho lo que les he dicho yo a Vds., seguramente también quedaría sin habla. Si no es que yo no crea en la anarquía, más bien... ¿cómo decirlo? Creo que para alcanzarla sería bueno saber primero qué se quiere.”
“Entonces, vamos por buen camino, eso lo sabemos: queremos nuestra independencia.” Me replicó.
“¿Y qué harán con ella?”
“Pues... pues...”
“Esto parece un carrusel...” Comenté con cierta mordacidad que sólo el Peto y yo podríamos tomarnos a mal.
Ah, lo que uno descubre si se pone a escribir en un procesador de palabras cuando la fecha de cierre está por llegar. Como Peto es mi... ya saben Vds., alter ego, se me había olvidado que tiene aproximadamente dos años de edad, es apenas un infante y tengo que educarlo, a veces con severidad, sacando el dictador que llevo dentro, para que aprenda lo que Platón enunció en su República: "El pueblo queriendo evitar, como suele decirse, el humo de la esclavitud de los hombres libres, cae en el fuego del despotismo de los esclavos, y ve que la servidumbre más dura y más amarga sucede a una libertad excesiva y desordenada.”
Y Vd., apreciable persona lectora, quizás se preguntará, “¿Y esto que tiene que ver con Te prometo anarquía?” Pues, la verdad, en cuanto a la forma, supongo que muy poco (o quién sabe), pero en principio estoy poniendo en práctica lo que para mí representa TPA: Expresión, libertad de elegir y que un tipo como yo pueda publicar sus conversaciones íntimas con los personajes de su-ficción.
...
“¡Anarquía...! ¡Anarquía...!”
“¡¿Y a Vds. qué les pasa?!” Pregunté a mis creaciones, sorprendido por sus gritos.
En vez de explicarme, continuaron con su consigna; me pregunté si la manifestación estaría relacionada conmigo. Cada uno de los personajes que había creado marchaba y vociferaba apasionadamente.
Súbitamente se detuvieron, su líder había hecho una señal con la mano indicándoles que se silenciaran. ¿Quién era su líder? Pues claro, el tal Petoulqui.
Se acercó a mí, tenía una expresión poco amistosa, más bien combativa, y me habló en los siguientes términos, “Hemos llegado a la conclusión de que no podemos permitir que nuestros destinos sean gobernados por Vd., de manera que a partir de este momento exigimos una total libertad para hacer de nuestra existencia lo que mejor nos parezca.”
“¿Y cuál ha sido el motivo de su decisión, queridísimo Peto?” Le pregunté.
“Pues, verá, Julio. Justamente ayer, cuando Vd. terminó de leer ‘Niebla’ de Don Miguel de Unamuno y Jugo, nos dimos cuenta de cómo son las relaciones entre autor y personajes. Nos ha parecido una abominación lo que el mentado Don Miguel hizo con Augusto Pérez. Y de repente, tomamos conciencia de que nosotros, en repetidas ocasiones, hemos sido tratados de manera similar; de modo que renunciamos a ser suyos y exigimos nuestra independencia.”
“¿Ah sí? ¿Y qué piensan hacer después...?” Le cuestioné, solamente para seguir con lo que para mí no era sino un juego.
“Pues... pues... “ Y Peto comenzó a trastabillar en su razonamiento, el cual según mi criterio ya había alcanzado su límite. “Pues ya habrá tiempo después para decidirlo...”
“Sí, como concluye Arthur C. Clarke su ‘Odisea Espacial’ ¿no es cierto? Acaso no te das cuenta, estimado Peto, que todas tus ideas no son sino las mías, y que las mías no son sino las de otros, que me antecedieron, de modo que si yo no soy original, ¿qué se han creído Vds. que son...?”
“...”
“Claro, si mi creador me hubiera dicho lo que les he dicho yo a Vds., seguramente también quedaría sin habla. Si no es que yo no crea en la anarquía, más bien... ¿cómo decirlo? Creo que para alcanzarla sería bueno saber primero qué se quiere.”
“Entonces, vamos por buen camino, eso lo sabemos: queremos nuestra independencia.” Me replicó.
“¿Y qué harán con ella?”
“Pues... pues...”
“Esto parece un carrusel...” Comenté con cierta mordacidad que sólo el Peto y yo podríamos tomarnos a mal.
Ah, lo que uno descubre si se pone a escribir en un procesador de palabras cuando la fecha de cierre está por llegar. Como Peto es mi... ya saben Vds., alter ego, se me había olvidado que tiene aproximadamente dos años de edad, es apenas un infante y tengo que educarlo, a veces con severidad, sacando el dictador que llevo dentro, para que aprenda lo que Platón enunció en su República: "El pueblo queriendo evitar, como suele decirse, el humo de la esclavitud de los hombres libres, cae en el fuego del despotismo de los esclavos, y ve que la servidumbre más dura y más amarga sucede a una libertad excesiva y desordenada.”
Y Vd., apreciable persona lectora, quizás se preguntará, “¿Y esto que tiene que ver con Te prometo anarquía?” Pues, la verdad, en cuanto a la forma, supongo que muy poco (o quién sabe), pero en principio estoy poniendo en práctica lo que para mí representa TPA: Expresión, libertad de elegir y que un tipo como yo pueda publicar sus conversaciones íntimas con los personajes de su-ficción.
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domingo, 11 de abril de 2010
cita petoulquiana: amor de verdad
"... amar de verdad es amar para siempre..."
Intuído de las palabras de Don Miguel de Unamuno y Jugo (quien en el cuarto capítulo de su libro "Amor y Pedagogía" [Alianza Editorial. Primera edición, revisada en "Biblioteca del autor", quinta reimpresión. Madrid, 2008. p. 76] escribió: "- El héroe, sí, el que toma en serio su papel y se posesiona de él y no piensa en la galería, ni se le da un pitoche del público, sino que representa al vivo, al verdadero vivo, y en la escena del desafío mata de verdad al que hace de adversario suyo..., matar de verdad es matar para siempre... aterrando a la galería, y en la escena de amor, ¡figúrese usted!, no quiero decirle nada..."), en la voz de su personaje don Fulgencio, alumbrador de aforismos.
Intuído de las palabras de Don Miguel de Unamuno y Jugo (quien en el cuarto capítulo de su libro "Amor y Pedagogía" [Alianza Editorial. Primera edición, revisada en "Biblioteca del autor", quinta reimpresión. Madrid, 2008. p. 76] escribió: "- El héroe, sí, el que toma en serio su papel y se posesiona de él y no piensa en la galería, ni se le da un pitoche del público, sino que representa al vivo, al verdadero vivo, y en la escena del desafío mata de verdad al que hace de adversario suyo..., matar de verdad es matar para siempre... aterrando a la galería, y en la escena de amor, ¡figúrese usted!, no quiero decirle nada..."), en la voz de su personaje don Fulgencio, alumbrador de aforismos.
domingo, 24 de enero de 2010
cita petoulquiana: azar
"Barajar los naipes es algo, en otro plano, como ver romperse las olas de la mar en la arena de la playa. Y ambas cosas nos hablan de la naturaleza en la historia, del azar de la libertad... En el arte supremo de aprovechar el azar, la superioridad del jugador consiste en resolverse a abandonar a tiempo la partida para poder empezar otra. Y lo mismo en la política y en la vida."
Cómo se hace una novela - Miguel de Unamuno y Jugo
Cómo se hace una novela - Miguel de Unamuno y Jugo
sábado, 8 de agosto de 2009
Paréntesis: Unaminidad

Don Manuel, el párroco de la aldea Valverde de Lucerna, en Renada, decidió que quería vivir en otro sueño, en la aldea que está bajo las aguas del lago que descansa al pie de la montaña. Tomó el oficio de escritor y se cambió el nombre por uno digno de un legendario caballero andante: Don Miguel de Unamuno y Jugo.
Algo así describiría un servidor el argumento de "San Manuel Bueno, mártir", obra del mentado Don Miguel. Se trata de una novella (así se escribe, con dos eles) cuyo tema es una justificación para que el legendario caballero andante de la filosofía nos impacte con su poesía que no nos damos cuenta cuándo es que comienza a ser cantada pero la cual indudablemente cuando suena es atronadora sin violencia ni frenesí.
Cada vez que pierdo la fe en la literatura, viene Don Miguel al rescate y me convence, nuevamente, que no es la cantidad de palabras sino cómo se dicen las cosas y, por qué no, quién las dice.
Hoy, un poco más impresionado por la obra del gran Don Miguel, no me queda más que recomendar la lectura de la obra que menciono. Por unaminidad (sí, de Unamuno y no de unánime) es simplemente excelente.
sábado, 3 de mayo de 2008
Paréntesis: De los diáfanos dedos de los ángeles... y demás cucharaditas de azúcar refinada
Sé que soy un pedante, pero no puedo evitar sentirme asqueado ante lo vulgar.
Mi poesía es vulgar, por eso no la escribo. ¿Para qué hacerlo? ¿para llenar el Mundo con más malos versos?
Para mí, la mala poesía (la mía incluida, por supuesto y por su mérito) es repugnante. Lo cursi me parece despreciable.
Veamos, ¿para qué la poesía? ¿para plasmar que a fulanito le gusta sutanita y/o al revés?
Si de eso se tratara la poesía, hace rato que habría perdido mi interés en ella.
No me parece que sea cosa fácil el escribir poesía.
Reitero lo suprascrito, yo no puedo escribir buena poesía, por ello me hago a un lado, por eso dejo la creación poética a los poetas que escriben buena poesía (redundante, ¿no te parece, Lusifergua...?); pero, eso sí, yo creo que todos somos poetas, aún cuando algunos no podamos expresarnos poéticamente.
Parafraseando a Don Miguel de Unamuno y Jugo, "La poesía es política y la política es poesía". Y no es una referencia a los panfletos sino a que, como lo planteó Aristóteles, el ser humano es el Zoon Politikón, el "animal político" (aún cuando a veces creo que la cosa se queda sólo en lo de animal), no en cuanto a lo politiquero sino a lo ciudadano, refiriéndose a que es miembro de la comunidad humana.
Pero, cualquiera, sin tomárselo en serio, se cree poeta, de esos que escriben y lo hacen bien (sí, dije bien, con calidad, porque de que la hay, la hay, no justifiquemos la mediocridad cualquiera que sea su fuente, ni mucho menos neguemos que existe una sensibilidad estética por muy variable que ésta sea). Y escogen o simplemente reproducen los lugares comunes, las frases hechas, ya desteñidas, ya muertas, marchitas, sin sentido ni valor.
Reproducción y no creación. Degeneración.
Sin siquiera usar el tacto, como si no lo tuvieran (no digo que no lo tengan sino que no lo usan, aclaro).
¿El resultado? Ya ha sido mencionado: todos descubriendo el agua azucarada y haciéndonosla pasar por miel (Como dijera el Coronel Slade en Scent of a Woman, "You've been the sugar business for so long, you've forgetten the taste of real honey").
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