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martes, 29 de diciembre de 2009

capítulo cuadragésimocuarto: la catedral sumergida




Hace años, la Violeta soñó con que leía un libro titulado "La catedral del mar". Hasta ahí, nada particular. Excepto que lo soñó antes de que fuera publicado el libro homónimo y sin que ella hubiera podido enterarse de manera alguna acerca de este acontecimiento. Es decir, su sueño fue una premonición.

Desde entonces, la Violeta tuvo la inquietud de leer ese libro; quiero decir, desde que se enteró que el libro ya había sido publicado, mucho después de su sueño. Resumiendo, primero soñó acerca del libro (no publicado, quizás en las prensas en ese momento), luego se enteró que se había publicado el libro soñado y, finalmente, sintió deseos de leerlo, para cumplir el sueño, digamos.

Pero como esto de los sueños y la realidad nunca resultan como esperamos (o casi nunca, para no ser absolutistas), este año decidimos leer el libro. Pero con el primer sórdido capítulo tuvimos suficiente. He de confesar que no fue tanto la sordidez como la temática, el tratamiento de la misma, el estilo, los que me hicieron desear no acabar con la lectura, o más bien acabarla aún cuando el libro quedara inconcluso (en cuanto a mi lectura).

Y para realizar el propósito del hado, se me ocurrió que ya que no íbamos a leer "La catedral del mar", todo se arreglaba con escuchar "La catedral sumergida", como he dado en llamar el preludio de Debussy por él titulado "La cathédrale engloutie". Así que, sin más preámbulos, escuchemos.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Versificación I: Si te dijera que estoy muy triste...

Si te dijera que estoy muy triste
Talvez no me creerías.
He de ser honesto, también,
Y reconocer que ni aún así
Dejaría de reírme, cuando corresponde,
De comer o buscar la felicidad.

Pero sí, estoy triste,
Más de lo que yo mismo hubiera creído.
Y preocupado; como siempre, sí;
Nunca me ocupo, solamente me preocupo.

Dónde estarás, qué estarás haciendo,
Quizás nunca lo sepa.

Me siento más allá del perdón,
Así que mi castigo, mi condena,
Es esta incertidumbre acerca de vos.

Te amo y te entiendo,
Y creo que vos a mí,
Esto no cambia.
Lo que sí, es el hecho
De no poder vivir más de la ilusión.

Perdí el valor para luchar por lo que amo,
Sólo me queda la perseverancia
Para terminar lo que empecé.

miércoles, 24 de junio de 2009

capítulo trigésimosegundo: las ilusiones perdidas...






"He perdido mis ilusiones, Petoulqui."

"¿Ah sí? ¿Y de qué ilusiones hablás, mi querido Julio?" Me preguntó.

"Pues, las que te estás imaginando, Peto. Esas mismas."

"Así que después de todo creciste algo; o eso creés. Se cerró otro capítulo de tu vida... el trigésimosegundo que nos toca. Ya no hay más Julio que esté dispuesto a dar todo por amor. El amor ya no te es suficiente, eh."

"Bueno, ¿Y qué es el amor, Peto? ¿Vos lo sabés acaso? Porque últimamente yo no creo que lo haya sabido nunca."

"Ah, el amor. Ay de nosotros los románticos..."

"Las ilusiones perdidas, como la pieza de Ignacio Cervantes. Las ilusiones patéticas, como creo recordar que les llamaba Leo. Me perdí en mi propio laberinto. ¿Qué es lo que quiero? Nunca lo he sabido. Pero al final, siempre algo se impone. 'Mi lógica es innegable', decía la computadora alocada de Yo Robot (el filme, porque nunca leí el libro). "

"La lógica, la razón... pero si toda la vida nuestra lucha ha sido ésta. Razón versus emoción y viceversa. De repente te diste cuenta que no querías ser víctima, marioneta de tus impulsos, por primera vez quisiste tener control, pero esto tiene precio, todo tiene un precio decía el Chomps."

"Sí, todo tiene un precio."

"¿Será éste el fin de las ilusiones? ¿O dentro de un tiempo más o menos largo estaremos presenciando su regreso? ¿Volverán las ilusiones como las oscuras golondrinas?"

"No lo sé. Sólo sé, eso sí definitivamente, que cerré una puerta por fuera y no hay vuelta atrás. Ahora sí que quemé las naves. La suerte está echada y demás aforismos determinantes..."

"Seguramente, no es fácil que comprenda, ni ella ni nadie, que el amor trasciende la relación y por otra parte, a veces es superado por la vulgar realidad."

"Seguramente..."

domingo, 5 de octubre de 2008

capítulo vigesimosexto: la gnosienne número uno


Está sonando la Gnosienne número 1 de Erik Satie.

Es porque estoy pensando otra vez en la Violeta (a lo mejor podría evitarlo, pero no quiero hacerlo. No. Quiero pensar en ella. Y no hay otra cosa que me haga recordarla como la Gnosienne número 1).

Fue en el año 2006 que escuché esta obra por primera vez y hoy, al terminar de descargar las piezas orquestadas de Erik Satie, me encontré con que una de ellas era la Gnosienne 1; recuerdo que ella, la Violeta, me dijo que esa obra le gustaba. Estábamos comiendo y escuchábamos el CD que yo le había regalado, era "Lo mejor de Erik Satie", interpretado por Klara Körmendi. Habían sonado ya las "Troi Gymnopédie" (nunca he sabido cómo se pronuncia Gymnopédie), que ella ya conocía, y de repente comenzó esa cadencia pausada, morosa, tristemente seductora de la primera Gnosienne, le pregunté si le gustaba y ella me respondió que sí, con la voz y con un gesto que no puedo recordar exactamente, que no puedo definir, pero que me aprieta en el corazón al evocarlo. Si bien, la pieza ya tenía una cierta importancia para mí, a partir de entonces se convirtió en una de mis imprescindibles.

Cuando escuché por vez primera el Claro de Luna de Achille-Claude Debussy (no, no la primera vez que lo oí, porque esa ocasión fue en La Carabina de Ambrosio como fondo para una de esas declamaciones paródicas que representaba Alejandro Suárez) fue en Siete años en el Tibet. Y me tomó años para saber más acerca de la obrita.

Conocer a Debussy, conocerlo de verdad, fue para mí impresionante (¿o debería decir "impresionista"?), pero cuando me topé, gracias a la Ana, con la Gymnopédie número 1 de Satie, y posteriormente al conocer a este ejemplar de bohemio más detenidamente, qué puedo decir... ya ni recuerdo cómo lo expresaba antes, Satie causó una revolución en mí.

Fernando Palacios, lo expresó más o menos así: "Satie fue el compositor que hizo más con menor cantidad de recursos".

Es un compositor con quien uno (o sea, un servidor) puede identificarse. En cuanto a la carencia de recursos técnicos, quiero decir, porque, por otra parte, su talento sí es incomparable.

Satie, el bohemio auténtico. Satie, el piano man. Satie, el simpático. Satie, el primo pobre de Debussy (no eran parientes, solamente es un decir, es que hay quien escribió que verlos juntos era como ver cuando se reunían el primo rico, Debussy, y el pobre, Satie; eran tan diferentes, pero parecían llevarse tan bien).

Y cuando descubrí a Satie, quise compartirlo con ella, con la Violeta. Y muchas cosas fallaron, lo sé. Muchas cosas se marchitaron (pero nunca la Violeta, ella no), muchas cosas cambiaron y otras nunca fueron como yo pensaba. Pero, esa afirmación suya, acerca de la Gnosienne, esa coincidencia (que no es cosa del otro mundo, ciertamente) en cuanto a que nos gustara a ambos, eso está bien, eso está en paz, sigue ahí, perdura.

La música modernista (reino de Debussy, en la cual hay un hechicero de barbita blanca, llamado Erik, que encanta a todos con la venia del monarca) es (según apuntaba Lainfiesta): "nostálgica, con hálito de paraíso perdido." Yo añado que evoca atmósferas fantásticas, lugares lejanos e inexistentes, hasta los dominios de lo imposible.

Imposible como mi amor por la Violeta, que ahora duele dulcemente.



jueves, 12 de junio de 2008

capítulo decimotercero: el compadre (y la violeta...)


"¿Por qué hemos estado tan calladitos en estos días, M?" pregunto apostróficamente.

Debe de ser por el clima.

Ah, pero no quiero escribir sobre eso.

Sí, ya sé. La lluvia parece tener un efecto común en la gente. Tanto gris no puede ser inocuo. Y este sitio es por definición hogar de la penumbra.

De repente, uno se puede encontrar caminando sin saber porqué, para qué o hacia dónde. De repente, me puedo sentir así.

Bueno, sobre la pregunta suprascrita, conozco más o menos la respuesta. Se me hace que puedo citar a Luis Figueroa, "La mara no tiene sentido del humor. Je je." También he pensado que es por eso que hemos estado callados, M, pero cuando se trata de Lusifergua, las razones siempre van más allá de lo que parece. Ídem, si se trata de Petoulqui. Por algo somos compadres, ¿no es cierto, M?

La verdad es que sí quiero escribir sobre el clima, pero no quiero reconocerlo (ya sabemos que además de la penumbra, aquí predomina la contradicción, sigamos leyendo para comprobarlo aún más...).

Vaya, qué importa, sin tratar directamente de la lluvia y como esto ha estado conmigo mucho tiempo lo voy a sacar (exducere decimos en educación):


Ya estaba publicado, pero hace tanto tiempo y yacía tan escondido. Lo he establecido previamente, mi poesía es vulgar e intrascendente. Pero, en efecto, la lluvia también ha tenido su efecto en mí, no sólo ésta de ahora, sino la de algunos años atrás. Y como ya haya hecho una concesión al público, meses atrás, hoy me hago una concesión a mí.

"Y ese poema, ¿para qué lo has escrito?" me pregunto de una manera no apostrófica.

(¿poema? no exageremos, pero bueno...)

"Pues, no ha sido para dedicárselo a Lusifergua, ciertamente. (Que si lo fuera, eso lo perturbaría por más de una razón... porque no soporta la poesía en verso, y aún más, le sería repulsivo que me dirigiera a él en términos 'tan románticos'...)" me respondo, y continúo explicándome...

"MI AMOR FUE VIOLETA, PERO ANTES HABIA SIDO AZULADO... " escribí una vez.

Pero, quería expresar, "Mi amor fue la Violeta, antes de ella había sido triste..." y luego complementé con, "Después de ella es triste otra vez (el amor/el desamor)." Vino con la lluvia y se fue con ella, sin que volviera a salir el sol, sólo quedó un Azul, pero no como el de Darío. Más bien un Azulado, un azulito...

Así, esto es la lluvia para mí. Pero ya saben, no quiero escribir sobre esto. Solamente quiero reflexionar acerca de porqué hemos estado tan calladitos en estos días...

De manera que,

"¿Por qué hemos estado tan calladitos en estos días, M?"

Imagen: (De derecha a izquierda) Lusifergua y Petoulqui en "Jardínes bajo la lluvia" de Achille-Claude Debussy