El jueves santo pasado, fuimos con Lusifergua y Tato a ver pasar la procesión enfrente del Guacamolón (para quien no sepa: el Palacio Nacional de la Cultura). Por cierto, también iba la Aleíta.
Desde hacía mucho tiempo teníamos con Tato cierto antojo de chancaca ("Pedacito de chancaca, ¿va a poner atención?", nos decía Don Ángel); supongo que no es necesario explicar qué es la chancaca, dado que existe en muchos países de Latinoamérica, pero por si las dudas: la chancaca es un dulce elaborado con "rapadura" de azúcar, algo así como éste endulzante pero en bruto. Sólo que en Guatemala, según he podido apreciar (y si no me falla el gusto) le añaden pepitoria (nunca había escrito esta palabra). Pero lo de la chancaca vendrá después... si es que viene (tras haber visto y antes de vencer...).
Y así, nos paramos entre esa muchedumbre heterogénea, compuesta por hombres y mujeres, guatemaltecos y extranjeros, jóvenes y viejos, alcohólicos borrachos y alcohólicos anónimos, creyentes y herejotes, etc.
Ahí estaban todos los comerciantes tradicionales y menos que tradicionales, desde los que venden los clásicos "¡chupetéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees!" (el acento tiene que ir en la última sílaba, quien lo sepa me entenderá) hasta los que ofrecen (¿en una procesión?) fotos de modelos y actores (los de Crepúsculo, principalmente). De modo que no me fue difícil imaginar (antes de que pasara la procesión, por supuesto) una especie de batalla campal entres los vendedores; en la cual, claro está, llevarían las de ganar los de los ¡chupetéeeeeeeeeeeeeeees!
Para quien no haya visto un chupete guatemalteco, tiene que imaginarse un cucurucho con la punta hacia arriba y ya tiene la idea; son como una especie de lanzas medievales, pero dulces. Elaborados con una melcocha tan dura que, si se la muerde, uno podría quebrarse un diente.
Pero, volvamos a la chancaca. Como no hubo tal batalla campal (ni tengo tanta imaginación como para inventarme una y narrarla para Vds.), sigamos con el curso normal de los acontecimientos: Vimos el paso del cortejo procesional (tras notar, eso sí, que uno de los escudos de armas de la fachada del Palacete Nacionalete reza algo así como "Centroamérica Unida", ideal liberal digno del que mandó a construir semejante mamotreto arquitectonico), caminamos hacia la sexta avenida pasando por la Plaza de la Constitución y nos compramos una bolsita de chancaca (que por cierto, no estaba tan dulce).
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jueves, 8 de abril de 2010
lunes, 12 de enero de 2009
capítulo trigésimo: los malditos designios
Cuando era un poco más joven, en noviembre primero del año dosmildós, nos encontrábamos Víctor, Pepín, Robertío y yo, sentados en una banca del parque de la "Antigua Vida Mía". Todos somos parientes, llevamos el mismo apellido, al principio o al final, y cae sobre nosotros, al menos tres cuartas partes de los mencionados, el peso de los malditos designios...
Comenzaba a oscurecer en el Valle de Panchoy, y se encendían las tenues luces del alumbrado público. De una manera nada indiscreta, observábamos a dos extranjeros, hombre y mujer (en democrático orden alfabético), quienes ocupaban una misma banca, a cierta distancia de la nuestra (por mera posesión, no había en el asunto nada relacionado con la propiedad privada). El extranjero (no era Mersault) estaba sentado en un extremo y la extranjera en el opuesto. Ella leía un libro y él se ocupaba en sacar algo, no recuerdo si de su mochila o de una bolsa más pequeña: papelillos para cigarrillos y tabaco. Se puso a armar el pitillo y, quién sabe cómo, cautivó la atención de la lectora. En un segundo el sujeto había roto el hielo (supongo que "fracturado" sonaría más elegante).
"Es un maldito designio", dijo Pepín. Le pregunté a qué se refería y me explicó su teoría de que para algunos tipos todo estaba arreglado (para ellos sería un "bendito designio", concluyo ahora), pero para sujetos como nosotros: nel, papá. Resulta que tanto Pepín como Víctor y un servidor, éramos un fracaso en cuanto a entablar relaciones con el género femenino. Era como si no supiéramos ni por donde comenzar. Por lo menos, a Pepín y a mí, nos habían "conquistado", digamos, quienes fueran nuestras parejas. Y por ahí parecían ir las demás experiencias de los presentes.
Tiempo después le conté a Lusifergua lo de los "malditos designios" y a él le pareció que era nuestro deber cívico enunciar una serie de éstos para prevención de los incautos. Ahora revisados, y sin mayor fe en su validez, he decidido publicarlos:
1. La mujer que me gusta siempre escoge como pareja al tipo más pendejo (salva excepción de que me escoja a mí).
2. Siempre le gusto a una mujer que no me gusta (e invertido: siempre me gustan mujeres a quienes no les gusto).
3. En un lugar donde no conozco a ninguno de los presentes, se aparece, repentinamente, el tipo más odioso que conozco; y me saluda y se acerca a hablarme, claro está.
4. (Variación del primero) Me gusta la pareja de un amigo (lo cual es una situación incómoda pero inocua si no hay reciprocidad, pero de gran gravedad en caso contrario).
5. (Variación del primero) La mujer que me gusta sigue enamorada de su ex – maldito designio número uno.
6. (Variación del primero y el tercero en combinación) En un lugar donde no conozco a nadie, me encuentro al tipo más odioso que conozco, cuya pareja comprueba mediante su elección la premisa del maldito designio número uno.
7. (Variación del primero combinado con el cuarto) Me gusta la pareja de mi amigo quien, más allá del afecto, es un pendejo. (Este maldito designio es llevado a su forma extrema cuando quien me gusta es la novia de mi mejor amigo)
2. Siempre le gusto a una mujer que no me gusta (e invertido: siempre me gustan mujeres a quienes no les gusto).
3. En un lugar donde no conozco a ninguno de los presentes, se aparece, repentinamente, el tipo más odioso que conozco; y me saluda y se acerca a hablarme, claro está.
4. (Variación del primero) Me gusta la pareja de un amigo (lo cual es una situación incómoda pero inocua si no hay reciprocidad, pero de gran gravedad en caso contrario).
5. (Variación del primero) La mujer que me gusta sigue enamorada de su ex – maldito designio número uno.
6. (Variación del primero y el tercero en combinación) En un lugar donde no conozco a nadie, me encuentro al tipo más odioso que conozco, cuya pareja comprueba mediante su elección la premisa del maldito designio número uno.
7. (Variación del primero combinado con el cuarto) Me gusta la pareja de mi amigo quien, más allá del afecto, es un pendejo. (Este maldito designio es llevado a su forma extrema cuando quien me gusta es la novia de mi mejor amigo)
Cada uno de los siete malditos designios puede encontrar combinaciones insospechadas, las cuales comprueban su veracidad fidedigna. (Por cierto que anoche leía como las ideologías y escuelas de pensamiento que, generalmente, no aportan medios de verificación ni practican la verificación de sus teorías, recurren sin embargo a la modificación de las mismas en cuanto aparecen hechos que las desmienten. No vaya a creerse que este es el caso de los anteriores enunciados tan llenos de verdad y que Vd. puede comprobar en la práctica...)
Ahora bien, hay un problema con esta palabra "designio". En todo caso, ¿qué es un designio? Según el DRAE:
"Pensamiento, o propósito del entendimiento, aceptado por la voluntad."
Aún cuando pueda ser cierto que todos los fracasos en interrelaciones personales sean mi responsabilidad, me niego (absurdamente) a aceptarlo. Es decir, no acepto ni reconozco que el desacierto romántico se deba a una actitud mental y que los malditos designios me los acarree yo mismo. Así que, buscando cualquier alternativa (igualmente absurda), he aquí mi infundada y descabellada explicación acerca del origen de los malditos designios:
Como un designio sea un pensamiento o un propósito aceptado por la voluntad y no quiero atribuirlo a la propia, se la endoso al "hado" , esa misteriosa fuerza que dirige los destinos de nosotros pobres mortales. Y como me he encontrado con la panacea, se la recomiendo a todos. De esta manera, cuando un niño no lleve la tarea y el maestro muy enojado le pregunte el porqué, el niño podrá responder, "por el hado", y salvar la honra y el pellejo. El hado, ya lo vemos, excluye de toda responsabilidad social e individual. Pero, ya sé que esta actitud de refugiarse en el hado, esta carencia de respeto por la inteligencia y sensibilidad ajena es solamente digna de un petoulqui, así que Vd. siga siendo responsable y yo seguiré mi'ado...
Imagen: Peto: "¿Cómo así...?" por Lusifergua.
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jueves, 12 de junio de 2008
capítulo decimotercero: el compadre (y la violeta...)

"¿Por qué hemos estado tan calladitos en estos días, M?" pregunto apostróficamente.
Debe de ser por el clima.
Ah, pero no quiero escribir sobre eso.
Sí, ya sé. La lluvia parece tener un efecto común en la gente. Tanto gris no puede ser inocuo. Y este sitio es por definición hogar de la penumbra.
De repente, uno se puede encontrar caminando sin saber porqué, para qué o hacia dónde. De repente, me puedo sentir así.
Bueno, sobre la pregunta suprascrita, conozco más o menos la respuesta. Se me hace que puedo citar a Luis Figueroa, "La mara no tiene sentido del humor. Je je." También he pensado que es por eso que hemos estado callados, M, pero cuando se trata de Lusifergua, las razones siempre van más allá de lo que parece. Ídem, si se trata de Petoulqui. Por algo somos compadres, ¿no es cierto, M?
La verdad es que sí quiero escribir sobre el clima, pero no quiero reconocerlo (ya sabemos que además de la penumbra, aquí predomina la contradicción, sigamos leyendo para comprobarlo aún más...).
Vaya, qué importa, sin tratar directamente de la lluvia y como esto ha estado conmigo mucho tiempo lo voy a sacar (exducere decimos en educación):
Ya estaba publicado, pero hace tanto tiempo y yacía tan escondido. Lo he establecido previamente, mi poesía es vulgar e intrascendente. Pero, en efecto, la lluvia también ha tenido su efecto en mí, no sólo ésta de ahora, sino la de algunos años atrás. Y como ya haya hecho una concesión al público, meses atrás, hoy me hago una concesión a mí.
"Y ese poema, ¿para qué lo has escrito?" me pregunto de una manera no apostrófica.
(¿poema? no exageremos, pero bueno...)
"Pues, no ha sido para dedicárselo a Lusifergua, ciertamente. (Que si lo fuera, eso lo perturbaría por más de una razón... porque no soporta la poesía en verso, y aún más, le sería repulsivo que me dirigiera a él en términos 'tan románticos'...)" me respondo, y continúo explicándome...
"MI AMOR FUE VIOLETA, PERO ANTES HABIA SIDO AZULADO... " escribí una vez.
Pero, quería expresar, "Mi amor fue la Violeta, antes de ella había sido triste..." y luego complementé con, "Después de ella es triste otra vez (el amor/el desamor)." Vino con la lluvia y se fue con ella, sin que volviera a salir el sol, sólo quedó un Azul, pero no como el de Darío. Más bien un Azulado, un azulito...
Así, esto es la lluvia para mí. Pero ya saben, no quiero escribir sobre esto. Solamente quiero reflexionar acerca de porqué hemos estado tan calladitos en estos días...
De manera que,
"¿Por qué hemos estado tan calladitos en estos días, M?"
Imagen: (De derecha a izquierda) Lusifergua y Petoulqui en "Jardínes bajo la lluvia" de Achille-Claude Debussy
lunes, 17 de marzo de 2008
capítulo cuarto: el waltz de mephisto
Petoulqui escuchaba atentamente cómo Mephisto afinaba cada cuerda de ese viejo violín rústico, el cual había arrebatado al musiquillo folklórico quien antes estuviese tañéndolo, en opinión de M., tan mal.Era siempre lo mismo, según M., nadie podía hacer las cosas como él.
Cuántas veces habremos oído que M. ha tomado el violín para asombrarnos. Desde la historia de la Sonata del Trino del Diablo de Tartini, hasta las diabólicas interpretaciones de Niccoló Paganini, y luego un tal Franz Liszt que sin violín, pero sí con un piano, compuso e interpretó el Waltz de Mephisto (y de hecho, no uno sino cuatro).
Así que, nomás llegando al Mesón (según mi progenitora, un hospedaje de muy baja categoría, pero ya hablaremos de este tema en otro capítulo seguramente...), el tal Mephisto se siente perturbado ante el ruido que produce el musiquillo, le arranca sin violencia el instrumento, lo afina (porque nunca antes lo había estado), y comienza a tocar un waltz que hace bailar a todos los personajes que se encuentran en el salón (miren cómo le subo la categoría al cuchitril, pero es que ante semejante música todo parece mejor).
Algo que el Petoulqui ha aprendido es que eso de que Mephisto es quien siempre actúa mal pero que todo lo hace muy bien es un hecho. Digamos mejor, en el contexto musical, que es quien todo lo ejecuta de manera soberbia. Y, además, el M. tiene el complejo de que es perfecto y nadie, pero nadie, puede hacer mejor las cosas que él. Sí, él en sí es soberbio.
...
Vaya, este préstamo del Fausto de Lenau valga para ejemplificar una situación que es agradable para un servidor como desconocida para la mayoría del público (casi como este blog), y es que este waltz que toca M. ha resultado en un blog intitulado "Así hablaba Lusifergua", el cual nos complace mucho. Y puedan bailar con él cuántas mentes avisadas haya por acá, por allá y por donde sea, porque una vez que M. deje de tocar sólo quedará el silencio, que es muy respetable y muy necesario, pero, por lo demás, cuando suena la música es que hay que escucharla.
...
Cuando el waltz llegó a su fin, el P. despertó (claro, haciendo una referencia directa al sueño de Tartini) con la sensación de haber escuchado la más maravillosa música que hubiese vibrado en sus oídos, y, por supuesto, sin poder recordarla
domingo, 2 de marzo de 2008
capítulo tercero: el chino inexpresivo
Cuando el Petoulqui estaba sentado en la mesa de aquel café-bar, tomándose un vaso con amarga cerveza (no nos prestamos a hacer publicidad en este blog, pero al enunciar el carácter de la bebida se hace obvia la asociación con cierta marca... Cabro), no se imaginaba la clase de espectáculo al cual sería sometido.
No se dejen sorprender queridos lectores por lo anteriormente escrito, no coman ansias, no se imaginen lo que no es. El hecho es que sería una velada de pop-rock, con algunos matices de blues (por las escalas empleadas en los solos).
La música estaba bien, eran baladas pop-rock, de esas que generalmente hablan de temas adolescentes, enamoramientos no correspondidos o correspondidos, que desencadenan todo tipo de emociones. Lo que no estaba bien era la intensidad, la cual debía de sobrepasar los 90 decibelios, es decir que ya era molesta. Pero es que a los jóvenes así les gusta escuchar la música, aún cuando después de esta audición ya no haya ninguna otra porque pierdan la capacidad de escuchar. En todo caso, podemos decir que escuchan como si fuera la última vez que fueran a hacerlo, tómenlo Vds. como quieran.
Lo que resaltaba del cuarteto, 1. vocalista-guitarrista rítmico, 2. bajista-segunda voz, 3. bateriísta y 4. guitarra líder, era éste último, sus solos eran impresionantes y se le notaba seguro en todo lo que tocaba, pero era inexpresivo, pues no hacía ningún movimiento, solamente estaba parado ahí tocando como un poste y, como mi compadre lo bautizara así, Petoulqui dio en identificarlo a partir de entonces como "El chino inexpresivo". En todo caso, no es el primer intérprete instrumental inexpresivo en cuanto a los gestos que el cáustico haya visto en su vida, y la verdad, qué importa si no es expresivo en el sentido del lenguaje corporal cuando sí lo es en cuanto a la manera de interpretar la música, y en este sentido sí que era bastante expresivo.
Entonces, el chino era inexpresivo en cuanto a llevar el ritmo con el cuerpo, hacer algún gesto facial, etc. pero era expresivo en cuanto al "feeling" (algo que en nuestra opinión es imprescindible y lo cual, en la presentación que comentamos, fue determinante en cuanto a la comunicación del músico con el público). Era el chino inexpresivo expresivo. Según el criterio petoulquiano hubiera sido peor que el chino no transmitiera ningún sentimiento con su música. Lo cual nos hace plantearnos la cuestión de cuán superficiales son ciertos elementos (como los movimientos corporales que el chino omitía, la presencia escénica, digamos) en una representación artística de este tipo, y preguntarnos hasta qué punto afectan realmente el criterio estético: Nos parece que tienen cierta importancia, aún cuando ésta no sea fundamental, eso sí.
...
De esta manera, dejamos asentado el gérmen (miren cuánto me gusta esta palabra) para futuras disertaciones en cuanto a la expresividad en la música, uno de las cosas más importantes para Petoulqui.
...
Más sordo que antes, medianamente satisfecho con la audición, habiendo dado muestras de apoyo al cuarteto pop-rock, puesto que era su primer concierto (aún cuando Petoulqui ante lo reducido del espacio físico y la concurrencia daría en llamarle recital), el cáustico se retiró antes del cierre del evento meditando sobre la música en su país, Guatemala, y pensando que como "el chino inexpresivo" hay muchos jóvenes talentosos que podrían no llegar a realizar sus sueños de ser famosos, pero, al final, la experiencia de la música va más allá de la fama y la fortuna, es algo individual, se encuentra en la misma raíz de lo que nos hace humanos.
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