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miércoles, 24 de octubre de 2012

capítulo septuagésimocuarto: la mujer monstruo

Era, o parecía, una mujer; incluso, desde mi punto de vista, una mujer bonita. Pero, por su actitud, se me hizo parecida a una serpiente, de ésas que hipnotizan a sus víctimas.

Su indiferencia hacia mí no contradecía una aturdidora aura de prepotencia, que ella irradiaba.

Pensé que la mitología mentía (¿qué tal de petogrulladas?): las mujeres monstruos no son horrorosas. Pero eso sí, son capaces de convertirlo a uno en piedra si se deja intimidar por la mirada que proyectan esos ojos.




martes, 23 de octubre de 2012

capítulo septuagésimotercero: la mujer de mis sueños

Habíamos pasado la noche juntos: desnudos, abrazados sobre la cama, ella adelante y yo atrás, cubiertos por las frazadas. Detuvo todos mis avances porque, según supuse, ella quería que no fuéramos más allá.

Aún así, después de pasar la noche juntos, me pareció que hubiera sido desconsiderado de mi parte no preocuparme por su bienestar cuando al día siguiente ella me dijo que se sentía mal.

Inmediatamente pensé en conseguirle algo caliente para que bebiera; se lo tomó y se sintió mejor. Me lo agradeció mucho.

Creo que le agradó mi gesto, tal vez le pareció tierno, hasta algo inexplicable. A fin de cuentas, ella no sabía que habíamos pasado la noche juntos. El que tuvo ese sueño fui yo.

jueves, 18 de octubre de 2012

capítulo septuagésimosegundo: verdadera imagen

Me dijo que ella era verdadera. Me dijo, también, que ella era leal.

Después me dijo que ella sabía que yo no era un mercader de las letras, que yo era un lector dedicado.

Entonces, yo sentí deseos de subirla a mi barco, zarpar y huir con ella. Me imaginé los problemas que aquello ocasionaría y, por lo mismo, se lo declaré, no con pena sino en su gloria, "por mujeres como Vd. se han librado guerras".

Pero no, me corrijo, se lo hubiera dicho al huir con ella, si yo tuviera un barco y si la hubiera convencido de acompañarme, si ella no fuera leal a su marido y verdadera al decirme que lo es.

Lo que hice, eso sí, fue adorarla sin decírselo (pero ella intuyéndolo, claro está, porque es leal, es verdadera, pero también es perspicaz) y desearle que pasara una feliz noche.