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sábado, 17 de mayo de 2008

capítulo noveno: alicia en el callejón de las maravillas...


En el callejón de Maravillas, 4a calle "a" llegando a la 3ra avenida de la zona 1, Petoulqui se encontró con Alicia, a quien no veía desde que él tenía 11 años, cuando contrajo paperas y no tuvo más remedio que leer...

Cosa extraña, Alicia aparentaba todavía los diez años que tenía cuando P. la conoció, y el hecho de toparse con ella le confirmó la persistente tendencia de la niña a entrometerse en los lugares más extraños.

(Me imagino que, como típica observadora internacional, Alicia debe de tener inmunidad diplomática y, además, cuenta con apoyo financiero ya sea del gobierno o de alguna institución nacional o internacional, pública o privada, la cual comprende el valor de la misión de investigación o acompañamiento que ella está realizando aquí.)

Aparentemente, lo que más le ha impresionado a Alicia de nuestro maravilloso país son esos monstruos (Qué Jabberwocky ni que...) que rugen y arrojan humo negro que irrita los ojos, impide la visión y provoca la asfixia, los cuales son gobernados por esos brutos inmisericordes, quienes para agravar más la ofensa llevan consigo a esos adefesios gritones que prorrumpen en alaridos que helarían al más valiente; eso, cuando no se hacen acompañar de arpías chillonas, que, ¿qué serán? ¿arpinas? (me imagino que esta palabra le hubiera gustado a L. C. por su afición a estar creando términos compuestos), es decir una mezcla de arpías y sirenas.

Ya con Lusifergua (usaré indistintamente el nombre Lusifergua o Mephisto para referirme a la misma persona) habíamos deducido hace años que este reverso país es surreal. La presencia de Alicia me hace concluir que el más representativo patrimonio de los guatemaltecos es el "nonsense".