martes, 14 de febrero de 2012

capítulo cero: la que nunca fue ella...

Tras mi primer día de clases en Letras: truncado. Me dirigí a la Biblioteca Central. Cuando subía las gradas hacia la sala de lectura, la vi. Iba delante de mí, o más bien arriba de mí. La reconocí por su cabello (es que me daba la espalda ¡¿?!): corto, castaño, colocho.

Sentí cierta emoción o conjunto/mezcla de emociones: alegría, curiosidad, incredulidad.

Pensé en adelantarme y voltear para saludarla. Pero cuando lo hice (adelantarme, voltear, no llegué a saludar...), descubrí que no era ella. De hecho, esta otra persona no era (es) ni remotamente parecida a ella.

Aún así, el hecho se me hacía curioso y, por lo mismo, seguí espiando a esta otra persona, quien estaba acompañada por su novio (según deduje). Sentí ganas de ir y hablar con ellos y contarles cómo había confundido a esta persona con ella. Pero no lo hice.

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