miércoles, 5 de mayo de 2010

capítulo cuadragésimooctavo: política animal IV "el pájaro loco, el zope y los conejos"


Y así, aún cuando no soy amante de los animales sigo teniendo episodios en los cuales sufrimos encuentros los animales irracionales y un servidor, nada menos que un irracional animal racional.

Cuando caminábamos con Myr por Yavin IV (la primera vez que estuve ahí), después de haber recorrido un solitario sendero nos encontramos con algo que me pareció maravilloso: un pájaro carpintero. Para mí era algo extraordinario (y creo que para Myr también) porque nunca había visto uno (claro está, si descontamos al "Pájaro Loco" , quien me acompañó en mi niñez, garantizando que, según ciertos investigadores, fuera sedentario, solitario e ineficaz para las matemáticas). Una vez, alguien me había contado cómo había visto un pájaro carpintero en El Cerrito del Carmen; yo vivo enfrente y nunca vi uno, tuve que ir hasta Tikal para encontrarlo, digo para que nos encontráramos los tres: Woody, Myr y Peto.

Ahora bien, una noche fuimos con Myr a comprar amoxicilina a una farmacia que queda en la Calle Martí; era considerablemente tarde y ya saben cómo es nuestra ciudad. Dos señoras observaban asombradas lo que parecía un chompipe (pavo para los que no sepan, alusión no intencionada para el flammer), un ave grande y oscura; al ver detenidamente me di cuenta de que era, en realidad, un zopilote. Me sentí hipnotizado por la criatura carroñera, quizás porque me pareció que tenía enfrente a un emisario de la muerte, a lo mejor un simple acompañante. Y esto me hace recordar todas las veces que he visto zopilotes en distintas circunstancias: posados en un árbol, comiendo carroña en una llanura... pero lo extraño era que el zope estuviera en tierra, cerca de una de las arterias principales de la capital y solo. Era claro que no podía volar; me imaginé lo indefenso que debía de sentirse (aún cuando todavía le quedaban su pico y garras carroñeras que, desesperadas, seguían siendo capaces de picar y desgarrar). Hallar a ese zope en esa circunstancia ha sido uno de los mayores extrañamientos de mi vida.

Y finalmente: los conejos. No sé si fue porque al fin publiqué "El conejo saltó" pero hace unas noches soñé que mi habitación era invadida por conejos: blancos, moteados; grandes, pequeños; diversos en su constitución. Recuerdo que los levantaba atenazando sus suaves pellejos peludos y los echaba, pero volvían a entrar; entonces descubría que había un agujero en la pared, justo detrás de una librera que hace las veces de "disquera". Los conejos cumplían su cometido a cabalidad: se reproducían rápida e incesantemente. Yo no sueño con serpientes, sólo con conejos, en una especie de plagio onírico de "Carta a una señorita en París" de Julio Cortázar...




2 comentarios:

Myrcrisher dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ESTUARDO dijo...

Peto deja de tomar esas drogas, porque ya hasta ves conejos en los sueños, jajajajaja...