miércoles, 1 de octubre de 2008

Cuento Original: La Luciérnaga (Un micro-cuento para Lucía Mendoza)


“¿Quién sos, Lucía?”

Claro que yo sabía que Lucía era Lucía, pero me preguntaba de todas maneras, ¿quién es Lucía?

Es decir, más allá de su nombre y de lo que veía, más allá de lo que percibía, incluso más allá de mis presunciones, yo quería saber quién era Lucía.

“¿Quién sos, Lucía?” Le pregunté.

“Ni yo misma lo sé.” Me respondió.

Concluí que con el tiempo llegaría a saber quién era ella; realmente me pareció muy tonta mi curiosidad por saber quién era ella de improviso: cualquier respuesta definitiva sería muy sosa ante tal pregunta, y por ende ésta se convertiría en una cuestión vulgar.

Su respuesta, “No lo sé”, fue satisfactoria no porque me respondiera inmediatamente la incertidumbre que constituía quién era Lucía, sino porque me abría la puerta a la posibilidad de averiguarlo de una manera morosa y constante.

Su respuesta fue la solución correcta para lo que yo considero una pregunta correcta. Una respuesta correcta, inmediata, finita.

La respuesta iba a cambiar cada día; sin embargo, no sería Lucía quien me la diera de ahora en más, esa respuesta la iba a encontrar en la Lucía de cada día, de cada hora, de cada segundo… Sería una luz intermitente…brillo y oscuridad alternándose… el resplandor de una luciérnaga.


Imagen: fotografía de una creación de Lucía Mendoza.

2 comentarios:

Luis dijo...

“¿Quién sos, Lucía?”

Acá veo algo cíclico...

lusifergua dijo...

Siempre debe haber una Lucía en el pasado de un hombre...

Creo que yo nunca llegué a saber quién era mi Lucía...